Para comenzar, debemos comprender que el ámbar no es un cristal. El ámbar es una sabia de árbol cristalizada. Esto es, son las novias de pinos que se han cristalizado durante muchos años y el día de hoy tienen la apariencia de piedra, si bien son bastante ligeras.

Como el ámbar es una savia cristalizada, y no un cristal, su estructura molecular no adquiere la estructura de un cristal, eso quiere decir que sus átomos no tienen estructura cristalina, lo llamamos informe. Incluso de esta forma, prosigue teniendo un enorme valor energético y, por consiguiente, lo usamos en la cristaloterapia.

En la cristaloterapia, el ámbar se emplea mucho para recobrar el campo energético de los humanos cuando padece daños y está desestructurado. Les explico: sabemos que tenemos un campo energético que nos circunda, esto es, múltiples campos energéticos, asimismo llamados cuerpos sutiles, que forman lo que llamamos aura. Estos campos tienen nombres como etérico, sensible, mental, espiritual, etcétera

Los campos energéticos son en buena medida responsables de nuestra salud en múltiples niveles. Cuando están equilibrados y alineados nos sentimos vitalizados, estabilizados sensible y mentalmente y conectados con la gente misma. No obstante, en ocasiones, debido a choques, instantes de gran desgaste físico, sensible o bien mental, o bien situaciones que requieren mucho de Nosotros, estos campos pueden padecer importantes cambios y desequilibrios, aparte de padecer grietas y «rasgos» energéticos, lo que provocará grandes sospechas en nuestro cuerpo y psique.

Asimismo tenemos ocasiones en las que nos sentimos» absorbidos «o bien» atacados «psíquica y espiritualmente, y eso nos deja bastante exaltados y causa múltiples» daños » en nuestra aura.

Toda vez que pasamos por ciertas situaciones citadas previamente nuestra aura padece estos incidentes y eso causa ciertos incómodos en nuestro cuerpo, siendo los más habituales cansancio excesivo, sensación de estar «desalineado» de sí, de vulnerabilidad y sentimiento de estar «sujetando todo» desde el punto de vista energético, el renombrado «esponja».

Es lógico que existan múltiples causas para estos síntomas, solo los cito, pues de manera frecuente están relacionados con daños en el aura, y aún hay otros síntomas que pueden aparecer debido a daños en el aura que no tenemos espacio para discutir acá.

El enorme trabajo del ámbar es que tiene la capacidad de ir «sellando» todas y cada una de las grietas y traumas energéticos de nuestra aura. Va llenando y reconstruyendo todos y cada uno de los orificios energéticos y las distorsiones energéticas, desde las más ligeras hasta las más pesadas, rehaciendo el sistema energético y permitiéndole regresar a marchar generalmente.

El enorme trabajo del ámbar es que tiene la capacidad de ir «sellando» todas y cada una de las grietas y traumas energéticos de nuestra aura.

Hemos de ser siendo conscientes de que tarda un tanto en ocurrir este proceso, no es una magia instantánea, y el tiempo puede cambiar de unos días a meses.

Otra curiosidad del ámbar es su empleo como collar para pequeños cuando les salen los dientes. Este empleo se ha traído de Europa a nuestros pequeños y es muy ventajoso por 2 razones primordiales. El primero es que toda vez que se genera un cambio en el cuerpo físico, el cuerpo etérico asimismo padece algún cambio. Eso quiere decir que al nacer un diente de un pequeño el pequeño dolor que siente se refleja en el campo etérico, y el dolor se manifiesta en forma de un pequeño cambio energético en este campo energético del pequeño. El ámbar, en un caso así, va corrigiendo esta modificación, haciendo que el dolor se disipe más veloz.

El otro punto, que asimismo sirve para adultos, es que el ámbar, por sostener el campo energético aglutinante y estructurado, asimismo marcha como una suerte de piedra de protección, puesto que complica la entrada de energías desequilibradas y descalificadas en el campo energético de quien lo emplea.