El mal de ojo se le ha conferido el papel de «creencia popular» pero por algo todas nuestras abuelas, sea de la cultura que provenga, hablan de este mal provocado por quien no tiene dominio de sus emociones y puede causarle daño, enfermedad, debilidad y hasta la muerte a alguien.

En todas las familias se conocen historias y cuentos de alguna persona que ha padecido un mal de ojo.
La tradición cuenta que la fuerza de la mirada de algunas personas, aunque no tengan mala intención, produce este mal y los más vulnerables son los recién nacidos.

Aunque en las ciudades pareciera que ya ni se habla de eso «…de que vuelan, vuelan» y, por no dejar, te brindamos información al respecto.

Cómo identificar el mal de ojo

Muchos médicos comienzan sus imprecisiones cuando el estudio científico no llega a un diagnóstico preciso con un cuadro desconocido, hasta que alguna abuela sin dudar determina que estamos ante un mal de ojo. Hay síntomas que son irrefutables y éstos son:

Baja de estado anímico:

El mal de ojo comienza con una evidente afectación en el estado emocional despojando al que lo padece de su energía vital. Comienzan a dejar de hablar, expresarse, reír hasta caer en un estado de muy poca vitalidad.

Pérdida del apetito:

Quien tiene mal de ojo se le quitan las ganas de comer progresivamente.

Pérdida del cabello:

Comienza a desprenderse el cabello en volumen de manera notable.

Hay otros síntomas que pueden acompañar a los ya señalados como la pérdida del sueño, pesadillas, fiebre diarrea o vómito.

Ritual para combatir el mal de ojo

Generalmente este trabajo lo ha hecho desde tiempos remotos alguien preparado para ello. Siempre es un rezandero, chamán o curandero que tiene experiencia en ello y en cada población se le conoce como tal.

A menudo se dice que hay que «rezar el mal de ojo» por tratarse de un ritual de protección para quien lo padece en el que, a través de rezos y plegarias, se aleja el mal. Por ello, en primera instancia se recomienda acudir a alguien con experiencia.

Lo más importante en estos asuntos energéticos es desarrollar la confianza en nuestro poder interno y hacer un trabajo con las energías.

Si no contamos con un curandero, podemos utilizar nuestro cuerpo como canal energético y posar, sin tocar, nuestra mano derecha sobre el afectado. La mano derecha es la que otorga, da, entrega.

Nuestra mano izquierda es la que recibe y subiremos nuestro brazo con la palma hacia arriba en posición de recibir. Así nuestro cuerpo está en disposición de ser un canal energético que recibe y que da.

Nos conectamos con la energía creadora, la fuerza cósmica o la energía divina -que algunos llamamos Dios- y le pedimos que nos dote de su energía sanadora.

Pronunciamos unas palabras como éstas: «Pedimos a Dios que nos de su energía sanadora para liberar a NOMBRE DEL AFECTADO del mal que lo aqueja en esta hora, en este momento y que cualquier energía oscura desaparezca sin hacer daño a alguien».

Nos entregamos a ese acto de recibir y dar por unos minutos en silencio, en absoluta concentración. Al terminar se agradece y el sanador debe darse un baño inmediatamente y lavar sus ropas.